Hoy hablamos de inteligencia emocional en el aula.

En artículos anteriores hemos venido hablando de estrategias eficaces para generar un clima positivo en el aula.

Hoy incorporaremos reflexiones sobre el trabajo emocional que es conveniente llevar a cabo con nuestros alumnos/as  para favorecer su desarrollo personal y la cohesión grupal.

¿Qué es la inteligencia emocional?

En la década de los noventa, Daniel Goleman (psícólogo, atropólogo, periodista y escritor estadounidense)  introduce el término inteligencia emocional.

Pero, ¿qué es la inteligencia emocional?

De una forma muy sencilla podemos describir la inteligencia emocional  como  la capacidad de conocer y gestionar de forma eficaz las emociones propias  y  comprender las de los demás.

Permite a la persona desarrollar su sensibilidad, ser consciente de sus pensamientos, de sus emociones  y  relacionarse de una forma más saludable, desde el punto de vista psicológico, con su entorno.

¿Por qué es necesario incorporar en la clase actividades de inteligencia emocional?

Partimos del hecho de que el conflicto es inherente a cualquier grupo humano y por consiguiente los conflictos en el aula van  a ser inevitables.

Lo que un docente ha de hacer es dotar de herramientas a sus alumnos para que el conflicto sea una oportunidad de crecimiento personal y de integración y potenciación del grupo.

Las evidencias científicas constatan sin ningún género de dudas que el estado emocional influye de forma determinante en el aprendizaje.

Si un niño se siente aceptado, se escuchan sus necesidades personales, se le permite expresarse y  se valoran sus logros, su bienestar emocional será elevado y su receptividad hacia el aprendizaje se verá considerablemente incrementada.

¿Qué actividades prácticas podemos llevar a cabo para desarrollar habilidades emocionales en nuestras clases?

A continuación reseñamos unas cuantas, de las muchas que podemos realizar, que te serán útiles para incorporar a los supuestos prácticos (te dejamos algunos ejemplos de SSPP aquí):

1.Actividades que lleven al autoconocimiento del alumno.

Entre otras cosas, buscamos que el alumno sea capaz de identificar las emociones básicas (alegría, miedo, tristeza,…).

Un recurso muy difundido actualmente y que resulta de interés  al menos para la iniciación en edades tempranas, es el cuento “El monstruo de colores” de Ana Llenas.

2.Situaciones ‌ ‌de‌ ‌expresión‌ ‌oral‌.

En estas actividades ‌los‌ ‌alumnos‌ ‌manifiesten‌ ‌sus‌ ‌sentimientos‌ ‌ante‌ ‌las‌ ‌actuaciones‌ ‌de‌ ‌los‌ ‌demás.‌ ‌

Algunos ejemplos pueden ser:

  • Actividades‌ ‌de‌ ‌expresión‌ ‌oral‌ ‌y‌ ‌gráfica‌ ‌en‌ ‌las‌ ‌que‌ ‌manifiesten‌ ‌sus‌ ‌preferencias, en relación a la tareas que más les gusta llevar a cabo, en las que identifiquen sus fortalezas y debilidades: “se me da bien esto”; “ disfruto especialmente realizando tal actividad”, “ tengo más dificultades en esto otro”,….
  • Juegos de‌ ‌expresión‌ ‌corporal‌ ‌que‌ ‌favorezcan‌ ‌la‌ ‌desinhibición.
  • Actividades‌ ‌lúdicas‌ ‌en‌ ‌las‌ ‌que‌ ‌los‌ ‌alumnos‌ ‌identifiquen‌ ‌lo‌ ‌que‌ ‌los‌ ‌hace‌ ‌distintos‌ ‌de‌ ‌los‌ ‌demás.‌ ‌

3.Asambleas‌.

En ellas ‌los‌ ‌alumnos‌ ‌pondrán‌ ‌de‌ ‌manifiesto‌ ‌sus‌ ‌cualidades‌ ‌y‌ ‌logros‌ ‌de‌ ‌los‌ ‌que‌ ‌se‌ ‌sientan‌ ‌orgullosos.‌ ‌

Algunas actividades de ejemplo pueden ser:

  • Elaboración de normas de clase consensuadas
  • Representación‌ ‌de‌ ‌situaciones‌ ‌de‌ ‌la‌ ‌vida‌ ‌cotidiana‌ ‌en‌ ‌las‌ ‌que‌ ‌se‌ ‌usen‌ ‌normas‌ ‌de‌ ‌cortesía, acompañadas de una reflexión acerca de porqué el uso de estas normas nos hace la vida más agradable.

4.Juegos ‌ ‌de acogida‌ ‌e‌ ‌integración‌

Estos juegos son muy adecuados especialmente‌ ‌al‌ ‌cambiar‌ ‌de‌ ‌tramo,‌ ‌cuando es posible que haya una reagrupación del alumnado y también en el caso de  incorporación al grupo de niños/as procedentes de otros centros.

Actividades recomendables de este tipo son:

  • Definición de los conceptos pasividad, agresividad y asertividad, escenificando con actividades de role –playing la resolución de conflictos cotidianos de las tres formas y estableciendo conclusiones sobre la forma que resulta más adecuada.
  • Espacios dedicados a la relajación del grupo, preferentemente en situaciones en el que el conflicto suele ser más habitual  que es después de los recreos, puesto que es un momento  de la jornada lectiva en la que suelen aflorar las diferencias, al ser un espacio menos estructurado y también por motivos ligados a los juegos de patio, en los que las dificultades para el autocontrol se manifiestan de forma más contundente.
  • Dotar al aula de un “rincón emocional” en el que los niños y niñas puedan, en un momento determinado expresar por escrito en un cuaderno preparado al efecto sus emociones o simplemente sentarse, “enfriarse”, calmarse y reconducir su conducta.

Para que esta actuación sea efectiva es necesario que se lleve a cabo de manera sistemática.

Nuestra opinión como docentes

Es sorprendente constatar cómo, tras una sesión de relajación, los conflictos que quince minutos antes eran un  grave problema, se diluyen y se enfocan de una forma mucho más “fría“ y “racional”.

Es frecuente comprobar que el profesorado siente que está “perdiendo el tiempo” cuando realiza actividades de este tipo, puesto que los contenidos, los estándares, etc, nos condicionan excesivamente.

Sin embargo en nuestra opinión como docentes con larga experiencia, opinión avalada `por las investigaciones científicas, se constata que el tiempo empleado en este tipo de actividades resulta muy “rentable” en términos de cohesión grupal, bienestar emocional y creación de vínculos personales.

Esto redunda en una mejora de la actitud ante los aprendizajes denominados “formales”.

También es necesario reseñar que la eficacia de estas actuaciones deriva de la sistematización de las mismas.

No se trata, por tanto, de abordar el conflicto cuando se produce, lo cual es ineludible, sino de aportar estas estrategias al alumnado para que puedan abordar las situaciones cotidianas de una forma distinta.

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